domingo, 1 de marzo de 2020

Movimiento

Si me inclino suficientemente hacia abajo no llego a ver ni los árboles de afuera ni mucho menos el campo. Me recuesto de tal forma sobre el asiento, que sólo veo las nubes, arriba, lejanas. El rumor de las ruedas metálicas sobre el andén es muy suave, casi un arrullo constante. En tales circunstancias, no tengo forma de percibir el movimiento. Mirar así por la ventanilla es estar quieto. Y puedo detener y hacer andar el vagón con sólo agacharme o volver a erguirme.

Tucumán

San Miguel de Tucumán es nuestra historia, es independencia. Es la Casa Histórica (y no la "casita de Tucumán"). Es las ferias de artesanos. Es las plazas llenas de vida de todos colores, todos los días. Es los naranjos en las calles con sus frutos agrios. Y los lapachos con sus flores violetas, amarillas y blancas en el invierno. Es el omnipresente cerro San Javier observándolo todo desde el oeste. Es la ershe shesbaladiza. Es panchuque y achilata. Meta y pingo. Es 40 grados de calor y humedad en la sombra. Es la calidez humana de las personas. Es los bares increíbles que no encontré en ningún otro lugar (lástima que Managua..). Es la ensaladita de frutas infaltable en cada desayuno y merienda de café. Es deliciosa limonada con jengibre. Es licuado siempre demasiado azucarado. Es base y punto de encuentro para subir y bajar a través de sus valles. Es múltiples culturas e idiomas cruzándose y enriqueciéndose en un hostel. Es vínculos que se tejen. Es Atahualpa cantándole a la luna en los campos de Acheral. Es la "Negra" Sosa estremeciéndote el alma con esa voz infinita. Es sangre de pueblos originarios. Pueblo de Tukma. Es el maravilloso tren. Es caña de azúcar trabajada por obreros que buscan "ganarse la vida". Es el "familiar" que los amedrentaba en los ingenios. Es decenas o cientos de changuitos pidiéndote una moneda en la calle (a esta hora exactamente, hay un niño en la calle). Es las peñas y el folclore latiendo en las venas. Es las empanadas más ricas que probé en mi vida (siempre que no les falte limón). Es las esculturas de Lola Mora. Es mi queridísimo amigo transgeográfico, Charly. Es la paz en la fuente de las tortugas del Lillo. La superpoblación de gente caminando amontonada como "hormiguero pateao'" en el microcentro. Es parte de un pasado hermoso y de un futuro aún mejor (mañana es mejor). Es inacabable. Es volver una y otra vez, como a un primer amor. Es regazo maternal. Mi segunda casa. Una ciudad que amo. "Tucson City". SMT. smt.

viernes, 10 de enero de 2020

Mate

Cierro los ojos y siento una caricia tibia sobre mi mano. En el fondo suena alguna canción de Radiohead y yo estoy sentado a la mesa, trabajando. Doy por sentado que se trata de Maga. Pero no. Abro los ojos y me encuentro cara a cara con el mate. Inmóvil, cálido, apacible. Curioso caer en la cuenta de que ambos tienen una temperatura corporal muy similar. De que ambos están siempre ahí, haciéndome compañía y sin esperar nada a cambio. De que ambos tienen esa virtud que les envidio tanto de llenar de densidad y plenitud el tiempo presente. Procedo a cebarlo y sigo corrigiendo.

jueves, 9 de enero de 2020

Benjamin

Debería leer de una buena vez a Benjamin. Leer sobre esos intersticios de la vida por donde se filtra la tan esperada redención mesiánica. Porque por momentos es lo que siento. Como una ráfaga fugaz de lucidez y serenidad que me atraviesa en tiempo y espacio para después irse y dejarme de nuevo a la deriva, en este mar de sensaciones y emociones variopintas y viscerales, acaso axiales. Círculos, loops, lúpulos y demás derivaciones de la-no-linealidad dan forma al oleaje de mi agridulce errar por el mundo. Y cada tanto recorriéndome el cuerpo esa certeza de no sé qué pero que da una tranquilidad absoluta, ese intersticio por donde se filtra lo que quizá alguna vez.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Cable a tierra

"Tirado" en la vereda. Disfrutándolo tanto. ¿Por qué será que lo disfruto así? Una costumbre que no suele ser "bien vista" en la (y por) gente grande. Pero a mí me hace tan bien. Una costumbre que -al menos en mí- remite a lo animal, lo infantil, lo descontaminado de tanta cultura acartonada. Literalmente, un gigantesco cable a tierra. Que se chupa todas las malas energías. Que me devuelve -en tanto y en cuanto esté ahí, abajo- a mi naturaleza primera, a mi vínculo inexorable con la tierra.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Carancho

Qué más puedo decir. Finalmente me dejaste. Finalmente tuviste la generosidad de dejarme acercar. Cerca, muy cerca, como aquella primera vez hace tantos años. Por eso las manos me temblaban casi infantilmente. 
Y por momentos me ignorabas con una indiferencia que me hacía sentir tan poca cosa. Mientras a la vez te admiraba y me gustaba reconocer esa majestuosidad que se trasluce en tu corona emplumada, en tu mirada penetrante, en tus dimensiones intimidantes, en tus garras que se adivinan implacables.
Y todo sin dejar de temblar mientras te saco fotos, una y otra vez. Totalmente olvidado del mundo que me rodea porque en ese ahí y ahora es sólo tu elegancia, tu imponencia. No hay un día en que no mire el cielo buscando verte pasar. Y hoy te tuve (me tuviste) ahí. Son las vivencias que me devuelven la tranquilidad de ser parte, de ser Pachamama, de sentirme un único abrazo, libre y cálido.

jueves, 19 de septiembre de 2019

La sonrisa de mi viejo

Walter Benjamin decía que la salvación mesiánica es impredecible, que se cuela por una hendija en cualquier momento y en cualquier lugar; que de repente ¡zas!, llegaba colmándolo todo de redención y de sentido, aunque más no fuera por unos instantes. Hoy yo la encontré: en la sonrisa de mi viejo. Ahí estaba ella, de repente y de manera inesperada. Tan fugaz pero a la vez tan poderosa y hermosa. Casi inasequible para los sentidos que posteriormente la estamparían en la memoria. Y sin embargo, mágica y pura y hermosa, capaz de convertir en felicidad y eternidad el instante que dura desde que comienza la mueca, se escapa esa especie de berrido ahogado que instintivamente adivino como su risa, y que finalmente se va apagando mientras las curvas de su boca se vuelven rectas otra vez. Es tan lindo ver cómo se le transfigura la cara… Ahora entiendo que esa sonrisa me salva, me llena de felicidad durante unos pocos e infinitos segundos. Los labios de mi viejo forman la hendija; quiero estar atento a su próxima revelación.