Ahora sí me siento latir.
Ahora sí la turgencia, la savia carmín templando mi alma.
Ahora sí el verde que convierte el sol en vida, el beso en sentido, el abrazo en mundo.
Ahora sí despierto del letargo.
Ahora soy mono, gorilla, cascarudo, beatle, cabeza de radio, pies de bicicleta.
Ahora humano, demasiado humano.
Ahora cursi.
Ahora Esty asumiéndose libre.
Ahora soy parte.
Ahora simplemente soy.
Ahora latotiemblomeestremezcoysoylágrimadivina.
Ahora la exuberancia, acaso la ostentación.
Ahora descarga grosera de hormonas.
Ahora el aire ya no oprime sino que acaricia.
Ahora chocolate, mate, birra.
Ahora río, mañana montaña, ayer desierto.
Ahora risa y ahora ternura de nena en la bici con barbijo gigante.
Música. Símbolo. Letra. Armonía. Piel.
Ahora soy ellos, ellas, elles. Y a la vez yo.
Como el agua del mar mezclándose con la arena.
Brillante, cálido, húmedo.
Ahora vivo.
Ahora.
martes, 16 de junio de 2020
jueves, 28 de mayo de 2020
Presagio (sobre ruedas)
Exactamente tres meses atrás:
La luz del sol comenzando a filtrarse por la cortada, mostrando una ligera preferencia por la vereda que corre a mi izquierda. El aire fresco de la mañana oxigenando los pulmones. Gorillaz sonando siempre de fondo. Pedaleo y me siento uno con los lugares por donde circulo. Hay una continuidad gradual, siempre estoy vinculado a ellos, recibiendo y concediendo estímulos. Decido dejarme llenar por todo esto. Disfrutar de esta media hora mágica de bicicleta hasta llegar a donde debo. Darle absoluta y completa densidad a este presente sobre ruedas. En este momento no importa nada más. Luego vendrán otras alegrías y otras preocupaciones. Otras responsabilidades. Otras gentes. Ahora es la bici y la música y los pájaros revoloteando a mi alrededor. Ahora es hoy. Siempre es hoy (ya es parte de mi ser).
La luz del sol comenzando a filtrarse por la cortada, mostrando una ligera preferencia por la vereda que corre a mi izquierda. El aire fresco de la mañana oxigenando los pulmones. Gorillaz sonando siempre de fondo. Pedaleo y me siento uno con los lugares por donde circulo. Hay una continuidad gradual, siempre estoy vinculado a ellos, recibiendo y concediendo estímulos. Decido dejarme llenar por todo esto. Disfrutar de esta media hora mágica de bicicleta hasta llegar a donde debo. Darle absoluta y completa densidad a este presente sobre ruedas. En este momento no importa nada más. Luego vendrán otras alegrías y otras preocupaciones. Otras responsabilidades. Otras gentes. Ahora es la bici y la música y los pájaros revoloteando a mi alrededor. Ahora es hoy. Siempre es hoy (ya es parte de mi ser).
sábado, 16 de mayo de 2020
Urgencia
Hay una urgencia que me oprime el pecho. Una urgencia no sé bien de qué. Pero me apura, me oprime. Se mueve mucho más rápido que mi cuerpo. Frente a un atardecer lento y sereno, la urgencia me urge. Ya hay que pasar a la próxima actividad. Ya basta de mirar el cielo. Ya llega la noche. Ya la próxima semana. Ya. En el único momento en que puedo dialogar conmigo mismo, algo en mí busca seguir, no pensar, no sentir. Sólo actuar. Como una dictadura o una exaltación del hacer. Del hacer por hacer. Hoy pude sustraerme por un rato a esa vorágine. Nunca me sentí tan deliciosamente animal. Tan sol en la vereda. Tan mirar gente pasar. Fueron escasos minutos en el que nada, pero absolutamente nada, se interpuso entre mi existencia y el mundo.
sábado, 2 de mayo de 2020
Hormigas
A medida que pasa el tiempo la intimidad de la escena va revelando sus secretos. Y yo me voy volviendo parte de ella. Ingreso en un mundo infinito ubicado ahí nomás de la vereda, extendido apenas entre dos árboles añosos. Siento la armonía de sus movimientos interminables. No veo una imagen definida y sólo percibo los pequeños cuerpos oscuros yendo y viniendo en tejidos indescifrables. Pero sus velocidades parecen las mismas. Eso vuelve su caótico ritmo por demás de hipnótico. Inevitablemente termino vibrando en su misma frecuencia, en sincronía con él.
Hacia la derecha se desprende un camino angosto y bien demarcado. Comienzo a seguirlas de a tres, de a dos, finalmente, una a una. Muchas se mueven armónicamente durante un trecho hasta cruzarse con la compañera que viene de frente, y entonces desaceleran para contactarla. Otras, osadas, rebeldes o desorientadas abandonan el sendero, acaso en la búsqueda de nuevos paraísos que conquistar. Lo que no admite excepción alguna es el sentido de su circulación: las que portan comida van hacia la izquierda, rumbo al hormiguero; las que no, hacia la derecha, buscando el árbol del que sacarán el palito o la hoja que les permita volver.
Ya en la verticalidad del tronco se suceden situaciones asombrosas. En primer lugar: no se caen. Uno las ve todos los días y sabe que es así, pero ¡no se caen! Sobradoramente se abren paso despreciando a la gravedad. Luego lo inesperado: una hormiga se comporta como verdadera estafadora intentando quitarle sus tronquitos a las compañeras que ya bajan cargadas. Lo intenta una vez, dos, forcejeando infructuosamente en cada ocasión. Entonces la duda, unos pequeños pasos erráticos y, finalmente, decisión de subir a trabajar con honestidad. Los minutos se vuelven eternos estando allí adentro, en aquel microcosmos fórmico. Pero yo, en verdad, pertenezco al afuera. Y debo seguir.
Hacia la derecha se desprende un camino angosto y bien demarcado. Comienzo a seguirlas de a tres, de a dos, finalmente, una a una. Muchas se mueven armónicamente durante un trecho hasta cruzarse con la compañera que viene de frente, y entonces desaceleran para contactarla. Otras, osadas, rebeldes o desorientadas abandonan el sendero, acaso en la búsqueda de nuevos paraísos que conquistar. Lo que no admite excepción alguna es el sentido de su circulación: las que portan comida van hacia la izquierda, rumbo al hormiguero; las que no, hacia la derecha, buscando el árbol del que sacarán el palito o la hoja que les permita volver.
Ya en la verticalidad del tronco se suceden situaciones asombrosas. En primer lugar: no se caen. Uno las ve todos los días y sabe que es así, pero ¡no se caen! Sobradoramente se abren paso despreciando a la gravedad. Luego lo inesperado: una hormiga se comporta como verdadera estafadora intentando quitarle sus tronquitos a las compañeras que ya bajan cargadas. Lo intenta una vez, dos, forcejeando infructuosamente en cada ocasión. Entonces la duda, unos pequeños pasos erráticos y, finalmente, decisión de subir a trabajar con honestidad. Los minutos se vuelven eternos estando allí adentro, en aquel microcosmos fórmico. Pero yo, en verdad, pertenezco al afuera. Y debo seguir.
viernes, 24 de abril de 2020
All terra
Lo tenés todo y te extraño tanto.
Extendés mi mundo
Expandís mis horizontes
Revitalizás mis músculos, mi sangre.
Me regalás calle, sol y flores.
La brisa y la música se vuelven una estando con vos
Y el afuera y mis adentros vibran sincrónicamente.
En tu compañía me siento fuerte, autosuficiente
Desde arriba tuyo miro al mundo con jactancia.
Tiempo y espacio se ponen de rodillas
frente a tu andar rodante.
Tus cadenas me liberan
Y la vida es mágica cuando transcurre
entre pedales, ruedas y rayos infinitos.
domingo, 19 de abril de 2020
Feel good Inc.
Probablemente, la imagen que mejor define mis sensaciones en este momento. Mezcla de melancolía y optimismo. Una caricatura, en una isla, a la que falta una dimensión para ser plenamente. Pero también una guitarra y un castillo ambulante a lo Miyazaki emergiendo con ímpetu entre las nubes que parecen oscurecer el presente. Una melodía que invita a sentirse bien. Y una reminiscencia irrevocable a las mañanas de bicicleta, sol, gorillaz y gente en la calle que ya volverán.
sábado, 18 de abril de 2020
Axolotes
La sensación es tan extraña en este punto. No sé si ubicar primero la "s" o primero la "u". Pero aquella vivencia de mañana de bici en febrero resulta tan reveladora vista en retrospectiva. Y la plazoleta y 2-D. Es tan extraño todo esto. Mover las piernas por más de un minuto y en línea recta. Desplazarse más de diez metros sin parar. Las calles casi vacías. El silencio. Los barbijos cubriendo las emociones contrariadas de las pocas personas que cruzo. Todo digno de un buen libro de Aldous Huxley o una película de Buñuel. Mezcla de ciencia ficción y surrealismo. Las hasta ahora nunca vistas colas en la vereda con sus dos metros de distancia entre clientes. El tiempo que pasa mientras uno disfruta tener que esperar y dilatar el retorno al hogar, más estrecho y hermético que nunca. Y esto pensando en quienes tienen dónde volver. Esa es la herida más lascerante de todas: los que ya debían vivir en un mundo opresor y desdibujado, oscuro y con el peligro a cada vuelta de esquina. Cuánto que falta el calor humano, el abrazo, el cosquilleo de una voz en las orejas. Y cuánto falta la libertad. Ahora comprendo cabalmente los movimientos erráticos y exasperantes de un animal en cautiverio. Ahora somos nosotros los que estamos del otro lado del vidrio, como si axolotes salidos de un cuento de Cortázar nos dejaran adentro, debiendo vivir sus opacas existencias de acuario. Espero tanto el paseo en bici, el viento en la cara, el calor de una mano, la humedad de un beso. Sigo sin lograr definir si ubicar primero la "s" o la "u". Sin lograr precisar si eso que entendí durante aquella mañana de música y bici fue casualidad o causalidad.
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