miércoles, 19 de octubre de 2011

Apología del trabajo

Gracias Charly, por haberme cambiado el ánimo e incentivarme (sin saberlo) a escribir hoy, que tan bien me hace.

Ha sido una jornada laboral inusualmente larga, bastante extenuante para qué negarlo, de ésas que se dan sólo de vez en cuando. Y qué mejor idea entonces que hablar un poco sobre el trabajo, mi trabajo. Actualmente trabajo en un tema que, en cierto sentido, no es el que más me apasiona. Me costó mucho asumirlo, ya que antes trabajaba en aquel tema que me apasiona. Sin embargo, hoy me encuentro más feliz que antes. En la práctica mi trabajo actual me resulta incluso más agradable, aunque me cueste bastante desarrollar las aptitudes necesarias para llevarlo a cabo. Mi grupo de trabajo, mis compañeros, mi “jefe”, por quienes siento mucho aprecio, son un puntal importante. Me siento cómodo trabajando junto a ellos, con ellos. Disfruto, aprendo y hasta me divierto. ¿Qué más pedir? ¿Música? Tampoco falta, claro.
Dentro de este trabajo estoy aprendiendo cómo vivir fuera de él. Dedicarme a este tema me da la posibilidad de cultivar aquellos otros temas y más; nuevos intereses surgen constantemente. Me quejo de la falta de tiempo (¡y cómo me quejo!) pero ahora tengo el tiempo (que para mí pase volando es otra historia) para ser ciudadano, compañero, amigo, hijo, sobrino, primo, nieto, novio, corredor, jugador de fútbol 5, lector y hasta escritor (al menos de este blog). Y este domingo también elector.



El trabajo me permite ayudar al otro, o al menos intentarlo. Poder hacer de la búsqueda del bien común un fin de la vida laboral -y de nuestra vida- no es poco. Es mucho. Debería recordarlo más seguido; y hacer hincapié en ello.
También me permite superarme a mí mismo. Descubrir, pulir -pero fundamentalmente descubrir- capacidades, cualidades, actitudes, que me sorprenden y reconfortan constantemente. Casi sin darme cuenta voy ganando autonomía; autoconfianza. Voy construyéndolas.
Como dijo Piaget, los pensamientos son acciones interiorizadas; y esta especie de desestructuración forzada en los hechos que he vivido, inspiró nuevas ideas y formas de pensar. Ahora soy más flexible (o menos rígido) y menos dogmático. Para empezar pongo en tela de juicio, basándome en la propia experiencia, la tesis que sostiene que “uno nace para tal o cuál cosa (léase, vocación)”, de la cual se desprende la fatal consecuencia de la infelicidad fuera de ese destino. Cierto es que tampoco me encuentro en las antípodas de mi trabajo ideal -nada más lejos de eso- pero el hecho es que estoy aprendiendo a moldear y adaptar mis expectativas al dinámico y por momentos inextricable pulso vital de la existencia humana. 
Convicciones. El trabajo da libertad y la oportunidad de amar. Y es nexo con el mundo. Seguramente olvido muchas cosas.



2 comentarios:

  1. Muy buen post Dani. Coincido con vos que aunque uno no esta en el trabajo ideal o en las condiciones ideales este no es un factor de desanimo sino una oportunidad para cultivar otras habilidades, para esto es fundamental el grupo de trabajo, uno puede estar haciendo el trabajo que siempre soño, pero si el ambiente no acompaña aveces la terminamos pasando muy mal

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  2. Sí Tomy, un punto importante puede que sea ver si consideramos al trabajo como un medio o como un fin. Yo en el último año comencé a pensarlo como un medio, pero no en un sentido despectivo, sino destacando el hecho de que el trabajo (cualquiera sea) nos permite ser personas, individuos sociales que se relacionan con los demás y con el mundo natural, transformándolo, dejando parte de nosotros en él. Y sí, de qué sirve el trabajo ideal si no es para compartirlo?

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