Horrorizado
descubro que la mayor parte de mi tiempo libre es consumido fútilmente (¿existe
tal palabra?) frente a la computadora. Siempre “hay algo que hacer”. Bajar una
película, buscar información, ver las novedades o postear algo en Facebook
(compartir, en uno y otro sentido; lo cual a
priori parece positivo), administrar algún que otro archivo. De hecho y sin
ir más lejos, en este momento estoy escribiendo esto, mientras podría estar
sentado en la plaza mirando jugar a los perros, leyendo o interactuando con
alguien, pero in vivo, utilizando
lenguaje “científico”. ¡Qué contradicción! Lo que pasa es que ahora tengo
necesidad de escribir; digamos que estoy algo así como inspirado. Hablando en
serio, espero estas líneas sirvan (cual contrato conmigo mismo) para dejar
constancia de esta discordancia y de mi compromiso para cambiarla. Así que
seamos breves; dejemos de lados conjeturas y problemáticas existenciales –que
las tengo, y cómo- y vayamos a los hechos, o mejor dicho, a los deseos.
Siento que
el tiempo no me alcanza, pero peor aún, que hago un mal empleo del mismo. No
pido grandes cosas; correr, leer, estar al aire libre, con gente. Y no parece tan difícil
ahora que lo leo. Concretamente, en estos días me dieron ganas de aprovechar el
clima primaveral y leer, aunque sea unas páginas, en la
Plaza San Martín, que siempre está llena de
vida (perros, abuelos, parejas adolescentes, estudiantes, palomas; ¡es fabuloso!), o en su
defecto en cualquier plazoleta o espacio verde que haya. Lograr eso una tarde
de éstas sería tocar el cielo con las manos. También quiero recuperar el estado
físico y el ritmo saliendo a correr. Me he dado cuenta que soy algo
endorfinodependiente. Y además poder estar con la gente, con mi gente (en
singular y en plural, aunque gramaticalmente no corresponda, creo). Es sólo en
mi relación con los demás, con el otro -y en esto siento ser reiterativo- que
podría decirse que me siento pleno. Y bueno, no está de más dedicarse un poco a
los quehaceres domésticos, a la casa, a las compras. Lo que queda, lo cedo
generosamente al trabajo.
He
descubierto que me gusta mucho escribir, que me hace bien; y me ayuda a pensar,
a formular ideas. En otras palabras, me enriquece sobremanera. Por eso, si bien
procuraré acotar mis actividades virtuales, quiero continuar escribiendo,
aunque intentando no emplear demasiado tiempo. Y creo que es un ejercicio que
se puede lograr. Queda en el tintero un análisis más profundo de por qué la
gente hoy en día pasa tanto tiempo sentada frente a una pantalla. Y sobre las
redes sociales, que aún no comprendo si nos conectan o desconectan.
Es momento
de ir a correr.
Quizás todos nos hicimos estos planteos más de una vez, quizás las edades cambien las prioridades y los tiempos nos acoten los tiempos. La historia avanza y la evolución (?) nos consume y nos hace cada vez más dependientes de cosas inertes, de cosas inmóviles y sin vida, las manos se sueltan y las palabras se hacen más lejanas y los rostros más borrosos...En fin, este momento de añoranza solo dio un pantallazo de la trama que estamos construyendo y a la que nos estamos adaptando. Creo, sin embargo, querido Dani, que si podemos extrapolarnos de esto, que si aún podemos reflexionar sobre esto y ser conscientes (¿existe tal estado?) y saber que es solo una parte de nuestra vida, que ES solo una simple herramienta, como lo es una vela (gran invento ya que estamos) ya no somos tan dependientes y podés leerte un libro en la plaza cuando quieras...ahí esta tu primer paso, no perdiste el tiempo. Besos.
ResponderEliminarGracias por tu opinión Pau! Tomar conciencia es un paso importante, pero también lo es pasar a la acción. Y es lo que muchas veces cuesta (en ciertos casos, cómo éste, la intención no es lo que vale, jaj). Creo que voy por buen camino y estoy cumpliendo con lo que escribí en el post. En relación a estos temas, te recomiendo ver -si aún no lo hiciste- la película animada Wall-e, de Pixar, donde retrata de forma soberbia dónde podemos terminar con nuestra "amada" tecnología, sino sabemos utilizarla adecuadamente. Desgarradoramente bella tu frase "las manos se sueltan y las palabras se hacen más lejanas y los rostros más borrosos". Besos!
ResponderEliminar