Volvía en
el “cole” (101 negro) cuando un simpático –nótese el eufemismo- señor subió y se
sentó delante de mí. De repente levanté la vista y pude ver cómo tiraba, hecho
un bollito, su boleto por la ventana. Al instante, acaso instintivamente, me
indigné; pero no le dije nada. Me quedé pensando en el hecho, que más de una
vez me ha tocado presenciar, todas las cuales nunca supe cómo reaccionar. Casi
sin proponérmelo, el siguiente diálogo se construyó en mi imaginación, más o
menos así:
-Señor,
¿por qué tira el papel a la calle? ¿Qué le costaba guardarlo en un bolsillo y
tirarlo al encontrar un tacho de basura?
-¿Y a usted
qué le importa?
-¿No se da cuenta de que así perjudica a toda la gente,
incluyéndolo a usted mismo?
-No. ¿Por qué?
- Porque tirar basura en la calle es antiestético,
antihigiénico y antiecológico. Y además genera mala energía en la gente.
- ¿Por qué?
- Porque una ciudad sucia es fea; la basura en la calle
puede contener gérmenes patógenos que se transmiten a las personas; y el acto
puede convertirse en un –mal- hábito que se contagie entre la gente: por
resentimiento, negligencia o por simple facilitación
social. Se tira un papel, una botella, un envoltorio de comida. De esta
manera, no sólo se ensucian las ciudades sino los ambientes naturales. Luego,
animales mueren enredados en residuos plásticos o atragantados con ellos. Y la
gente se mal predispone, se enoja al ver las calles sucias y malolientes; y se
enfrenta con –todos- los demás.
Podría prolongar el diálogo –tengo una gran tendencia a la
divagación-, pero lo cierto es que en aquel momento terminó ahí; en mi mente, quiero
decir. Me pregunto qué me habría respondido el señor luego. Pero más me
pregunto si debiera habérselo dicho. Si me corresponde. Y si mi corresponde, si
no hay otras maneras más efectivas y eficientes de generar conciencia. Creo que un llamado de atención por parte de un extraño, de un otro, por más respetuoso que sea, la mayor parte de las veces será
contraproducente, y generará más broncas que reflexiones. Intuyo que no faltarán oportunidades para averiguarlo...
Si... a mi también me indignan esas cosas. El grado de indignación varía según la persona y mis ánimos. Yo tampoco nunca dije nada, salvo cuando lo veo en mi papá que ahí me descargo como si él fuese un representante de todos aquellos que tiran basura en la calle...
ResponderEliminarEs un tema -complejo- que da para rato. Aún no sé (ignoro si alguna vez lo sabré) cuál es la mejor forma de abordar esta problemática (intuyo que entre el ejemplo individual y la imposición al otro, puede haber una instancia de diálogo y reflexión que lleve a un cambio de conciencia; aunque es difícil). Pero de lo que estoy seguro es de que siempre -¡pero siempre!- nos desquitamos con las personas más cercanas y que más queremos. Eso sí está mal, y es muy injusto; y sí está al alcance de nuestra mano cambiarlo. (Lo digo con conocimiento de causa.) Besos!
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