La tarde suavemente se aleja; la oscuridad tendió su red al mar. Siempre menosprecié calle Pellegrini; ahora, casi cínicamente, la busco con desesperación cada vez que. La espera entre las sombras. Dios sabrá por qué. Las veredas con sus banquetas y barras cerveceras. El atardecer en el parque. Padre e hijo jugando a pasarse la pelota (pero aquel le recrimina a este por tirarla siempre lejos). Las y los runners. Ya es tarde para volver igual. Tráeme la noche. No puedo estar despierto más sin. El dearoldman distraído con su paquete en plena bicisenda. Un lago en el cielo. Quiero ser suave, para evitar tu dureza. Los infaltables codos motoqueros resguardados de todo peligro con su casco (pero ¡ay! de aquellos cráneos). Apago tu fuego, enciende mi agua. El nenito doblando en su fantástico monopatín. Puede que no haya certezas. Las piernas temblando. El bebito chocando los cinco con el papá en bicicleta. Las primeras estrellas. Con solo invocarte, voy a convertirme en miel. Las amigas. Las familias. Las aguas danzantes. En tu nombre, en tu nombre. El agua. Los mates. El vecino cuyo nombre y domicilio desconozco pero siempre me saluda cuando saca a pasear el perro. El súper abierto y la verdulería. Verde para doblar a la izquierda. Puerta. Escaleras. Puerta. Y cuando te busco no hay sitio en donde no estés.
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