miércoles, 26 de octubre de 2016

Mantra

No voy a hacerme más problema por nada. Por nada que tenga que ver conmigo. Sólo por los demás. (Repetir y recordar en momentos críticos.)


¿Por qué se me escapa la armonía de la flor y la abeja libando su néctar? ¿Por qué olvido la paz de la tortuga, con su mirada penetrante, que observa el planeta desde mucho antes de nuestra llegada? ¿Por qué no puedo jugar con la vida como el perro que juega con su rama y el mono con su liana? ¿Por qué no alcanzo la entereza del artesano, que hace en un mundo de burocracias y producciones en serie? ¿Por qué pierdo la sabiduría de los niños, los únicos que saben lo que buscan?

Desayuno

Justo cuando corría riesgo de embriagarme en búsquedas de sentido de las que dejan una fuerte resaca, el panadero me habló de facturas, alfajores y desayunos; semejante cachetada metafísica me puso en su lugar.

martes, 25 de octubre de 2016

Pedagogía barata y zapatos de goma

¿Por qué la escuela? ¿Por qué la autoridad en ella? Quizá porque le educación no es sólo un derecho sino una obligación. Como seres (animales) sociales que somos, tenemos el imperativo biológico -además de moral- de cooperar y trabajar para el bien común. Sucede en cualquier sociedad animal. ¿Por qué seríamos una excepción al respecto? Sin el otro no somos nada. Ni biológica ni psicológica ni metafísicamente. Por eso la necesidad de ayudar(nos). Entonces la escuela. Para que esa ayuda sea -idealmente- óptima. Porque en eso sí somos especiales: en la transmisión cultural a través de los años, en la acumulación aditiva de conocimientos. Quien no está educado no sólo no puede valerse por sí mismo sino que no puede colaborar con los demás. Pero este proceso -como todos- es complejo y necesita cierta guía, ciertas normas. De nuevo, en toda sociedad animal existen esas guías, esas normas, y por ende, individuos que velan por su cumplimiento. No hay organización social sin normas, no hay individuo sin sociedad. No es autoritarismo, es autoridad. Tal vez por ahí venga la cosa.

Inventario

Sus ojos para mirarme (y poder así verme),
Una voz amiga para charlar,
Una travesura infantil,
La sonrisa de un desconocido,
Un perro para jugar,
Un abrazo de (y a) quien sea,
Una melodía beatle y el canto de alguna calandria,
El perfume de un azahar,
Los colores y formas de un paisaje (cotidiano o no tanto),
Un libro,
Un mate,
Una pluma,
El otro.
Y no mucho más...


domingo, 9 de octubre de 2016

Férulas

Una de las pocas cosas positivas de haber usado una férula -y luego también una bota ortopédica- en la pierna es que me impedía dejarme llevar por el vértigo del ritmo de vida actual. Indefectiblemente tenía que caminar despacio; miraba a la gente pasar (correr) al lado mío. Y era grandioso porque por más que "quisiera" -y había algo que me incitaba a hacerlo- no podía seguirles el ritmo. Así que iba tranquilo.

Ahora pienso qué-bueno-sería-tener-una-férula-mental para volver a bajar unos cambios. Algo que me impida correr -tanto con los pies como con la cabeza- a todos lados como lo he vuelto a hacer. Una férula correctora antes que protectora, que me enseñe a transitar la vida con serenidad, con densidad, con clara conciencia. Y así conectar con el mundo, en vez de pasarle por el costado.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Pulgar arriba

El sentido de la vida es dos laburantes haciéndose el gesto pulgar arriba en un colectivo urbano de Rosario sin conocerse y por haber ayudado entre los dos a que se siente un anciano que a su vez había dado su asiento a otra persona. Los dos se sonríen en la mañana soleada, volviendo de, a la vez que yendo a, laburar.

martes, 17 de mayo de 2016

Palabras que se lleva el viento...

De repente entendí que no me sacaban el mero placer de leer (o de ver cine o escuchar una obra). Me sacaban una herramienta –más inconsciente que consciente- para comprender el mundo, darme cuenta de sus injusticias e, idealmente, obrar en consecuencia. Como dijo Marx: “Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, agregándole la consciencia de la opresión; hay que hacer la ignominia aún más ignominiosa, publicándola”. Y no hace falta leer un ensayo sobre explotación e injusticia social para adquirir y ejercitar esas herramientas, sino que estas se afianzan por la riqueza y la fuerza de las ideas, emociones y hasta de las propias palabras sueltas –recuerdo el tema “Por”, del Flaco-, que (¿casi?) cualquier expresión humana tiene por naturaleza. Pero si no tengo tiempo ni energía para tirarme a escuchar un disco, mucho menos los tendré para tomar conciencia de su falta, y así sucesivamente. El peligro de naturalizar las cosas. ¿Por qué debo conformarme con una o dos hor(it)as al día de “recreación”? (El tiempo justo para que la tele me cuente de qué va el mundo.) Y sí, hay otros que están peor. ¿Pero por eso hay que aceptar mi situación y su situación, es decir, nuestra situación? Palabras que se las lleva el viento…