El tipo siempre sale a mi encuentro apesadumbrado para contarme “que ya robaron una bici ahí y qué él no pudo hacer nada porque le podrían haber metido un tiro, nunca se sabe, seguro andan armados”. Hoy no fue la excepción, pero lo vi más sombrío que de costumbre; cabizbajo, solitario, inmóvil, apretado, en su cabinita del estacionamiento. Cuando veo a personas (sobre)vivir así me pongo muy mal. Me duele que su vida esté (haya sido) reducida a eso. No les queda vitalidad, quizá tampoco alegría, mucho menos sentido; me pregunto qué sentirán. Personas tan vapuleadas por “la vida” que ni siquiera puede uno imaginar cómo sería su rostro esbozando una sonrisa. Lo mismo me pasó el otro día, cuando de repente me di cuenta que caminaba detrás de un hombre de aspecto derrotado, con una botella en la mano (no recuerdo de qué), ropa ajada y sucia, paso como tambaleante, pesado. Me sentí pésimo por pasar al lado suyo como si nada. Uno de tantos y tantas.
Y por otro lado están los chicos. Los que tengo el privilegio de tener como alumnos casi todos los días. Con su frescura, su alegría y su vitalidad. Y también su falta de corrupción. No es la primera ni la última vez que me pregunto qué pasa –y cómo pasa- desde que terminan el colegio hasta que se reciben de adultos. Cómo (algunos) pasan de ser seres luminosos a personas que fueron apagadas o que -peor aún- se dedican a apagar a otras. En qué estaremos fallando. ¿Tan poderoso es el famoso “sistema” que no nos queda más que declararnos víctimas pasivas de un monstruo que “se volvió –cual ser animado- contra (casi) todos nosotros”? Entonces me desespero buscando asegurarme de que estos chicos que hoy brillan sigan haciéndolo y continúen contagiando su luz durante toda su vida.
sábado, 13 de octubre de 2018
jueves, 3 de mayo de 2018
Noche de Coltrane
Noche de Coltrane. De mate amargo primero y vino
tinto después. De planificaciones escolares. De extrañar a mis estudiantes (y, sí). De
anhelar el fin de semana (pero). De Maga. De magia. De jueves. De sentirme bien
en momento presente. De atisbos de hogar. De polenta con carne y salsa. De
querer ver a mis amigos. De pensarte. De desear. De unas páginas de Cortázar.
De volver a escribir. De swing. Finalmente.
lunes, 5 de marzo de 2018
Saludo
Se dio vuelta para saludarme tantas veces como pudo, moviendo su manito circularmente, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, soplándome besos que atravesaban el chupete. Con sus ojos saltones y su expresión entre sorprendida y curiosa me llenó de amor. Durante algunos metros y unos pocos segundos fue la felicidad.
lunes, 12 de febrero de 2018
Mono cursi
Necesitaba el parque, el aire, los pájaros, las flores. Soy mono; es al pedo. Todavía más necesitaba ver a la gente, sentirla, vivirla pasándome cerca, yendo de un lado hacia otro. Y es que soy mono y es al pedo. Necesitaba verles reír, y llorar en su compañía; sentir en carne viva como el sentido de mi vida cuaja con (y gracias a) su sangre. Soy un mono cursi, ya lo creo. Y también un parásito. Que se cuelga (como buen mono) de la felicidad de dos nenas correteando una paloma, o de unas carcajadas que estallan en tres chicos jugando al carnaval, o de una pareja que se funde en un beso. Y siempre siento que el beso es un acto sublime; sublime y raro, inexplicablemente bello, que está más allá de otras monerías más comunes, acaso lo único genuinamente humano. Soy mono, cursi y verdaderamente infumable. Pero qué se le va'cé.
martes, 5 de diciembre de 2017
Círculo cerrado
A veces, y pese a las adversidades, se puede vivir un momento de felicidad plena, simplemente escuchando Radiohead mientras corregís exámenes y ves que algo de lo que tus alumnxs plasmaron ahí, en esa hoja, lograste transmitírselo vos. Son esos momentos terribles en los cuales el círculo cierra.
jueves, 21 de septiembre de 2017
Nostalgia de tiza
Ese brusco instante en el que tus alumnxs se van del aula para irse a sus casas. Y entonces la nostalgia se hace carne por unos segundos, y uno se queda solo en el aula vacía, mirando el pizarrón y los bancos, con una mezcla de felicidad y tristeza.
domingo, 6 de agosto de 2017
Cine, literatura y... vocación
Quizá ya estabas presente de alguna manera en "Alicia en las ciudades" (y también en "Los 400 golpes"), pero aún era demasiado lejano.
Estabas -sin lugar a dudas- en el "Adán Buenosayres", pero no lo supe intuir.
Estabas luego en "Entre horas", y pese a lo evidente, seguía sin sospecharlo.
Estabas en "Presentes", cada vez más cercano y tangible, pero no me percataba.
Ya latías con fuerza en "Entre los muros", pero pese a todo, no lo vislumbré.
Recién con "La vida de Adèle", apareciste claramente en escena, mostraste tus cartas sin rodeos y me cautivaste con un magnestismo que igual en ese momento no supe entender.
Años más tarde recapitulo cada una de estas señales y pienso en cómo es la vida y el destino.
Por eso me atrapaban así, por eso me identificaba tanto, por eso la atracción magnética.
La semilla de la pasión por la docencia y el amor por lxs pibxs se estaba desarrollando.
Hasta que un día finalmente germinó. Y ya nada volvió a ser lo mismo; algo se iluminó para siempre.
Estabas -sin lugar a dudas- en el "Adán Buenosayres", pero no lo supe intuir.
Estabas luego en "Entre horas", y pese a lo evidente, seguía sin sospecharlo.
Estabas en "Presentes", cada vez más cercano y tangible, pero no me percataba.
Ya latías con fuerza en "Entre los muros", pero pese a todo, no lo vislumbré.
Recién con "La vida de Adèle", apareciste claramente en escena, mostraste tus cartas sin rodeos y me cautivaste con un magnestismo que igual en ese momento no supe entender.
Años más tarde recapitulo cada una de estas señales y pienso en cómo es la vida y el destino.
Por eso me atrapaban así, por eso me identificaba tanto, por eso la atracción magnética.
La semilla de la pasión por la docencia y el amor por lxs pibxs se estaba desarrollando.
Hasta que un día finalmente germinó. Y ya nada volvió a ser lo mismo; algo se iluminó para siempre.
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