El hecho de haber
tenido que caminar por el (macro)centro de la ciudad (de Rosario), a las 8:15
de la mañana, un día martes, feriado y parte de un fin de semana largo de
cuatro días (la razón: los carnavales de febrero), me hizo redescubrir parte de
la ciudad. Dado que no había mucho para ver, ni autos, ni gente, ni siquiera perros
(bueno, sí, había una gran aglomeración de canes frente a la vieja Maternidad
Martin, pero eran una excepción; el séquito de una de esas -respetables-
mujeres que siempre se encuentran en una ciudad cosmopolita, paseando con gran
amor y dedicación a sus amigos cuadrúpedos, quienes parecen ser, lamentablemente,
su única compañía en la vida), y sumado a la circunstancia de que debía caminar
despacio para “hacer tiempo” (¡triste ironía del destino! ¡yo teniendo que
hacer tiempo! ¡yo que siempre ando renegando y hasta mendigando por un poco de
tiempo extra!), me vi obligado a pasear
observando –con detenimiento- las casas y los edificios –pero sobre todo las
casas, y algunos edificios viejos- circundantes. Construcciones por las que
habitualmente paso pero que, sin embargo, me resultaban completamente
desconocidas.
Así fue que tuve mi
viaje de fin de semana largo. Duró unos veinte minutos de ida y unos diez de
vuelta (a la ida tenía que hacer tiempo), tuvo una extensión de doce cuadras
(seis y seis; volví por calles diferentes a las de la ida) y un costo meramente
energético (costo que recuperaría luego, alfajor de maicena mediante), sin
gastar dinero alguno. Me encontré con una ciudad diferente, desconocida, y por
qué no, mágica. Me maravillé y deleité con una arquitectura delicada, compleja,
de fachadas ricas en detalles y ornamentaciones; muy diferentes de las
edificaciones modernas, construidas bajo el paradigma minimalista (o algo así;
no soy un entendido del tema, pero tengo un amigo a quien le apasiona la
arquitectura, y especialmente la moderna), que será muy funcional, sí, pero cuyo
sentido estético –para mi gusto- deja mucho que desear. (Re)descubrí,
sorprendido, casas enteras, o parte de ellas; encontré algunas más bellas de lo
habitual y otras más feas. Encontré nuevos locales comerciales y sedes casi centenarias
de antiguas instituciones -como la Sociedad de Pediatría de Rosario- a la
vuelta, a escasos metros de mi casa. Y hasta pude reparar en las magníficas
esculturas que algunas construcciones emblemáticas de la ciudad ostentan. Entre
ellas, la majestuosa auriga que sobresale guiando su carro tirado por cinco
caballos, por encima de los árboles (vista desde la Plaza San Martín), en la ex
Jefatura de Policía, actual Sede de Gobierno Provincial. Y cómo no mencionar
la mansión de la Fundación Josefina
Prats, con sus vitrales, sus fuentes custodiadas por querubines y sus jardines
(y sus mitos y leyendas). Aunque, resulta necesario admitir que, lugares como
estos últimos, difícilmente pasen desapercibidos.
Pero acaso lo más
increíble haya sido la posibilidad de viajar no sólo en el (acotado) espacio
sino también en el (dilatado) tiempo. Porque las diferentes edificaciones corresponden a
distintos estilos, inherentes a distintas épocas. Desde las más barrocas y
coloniales hasta las actuales cajas blancas. Y resulta extraordinariamente
sugestivo y cautivador jugar a imaginarse cómo habrá sido la ciudad (Rosario),
su gente y su estilo de vida, en cada una de las diferentes épocas, y cómo
habrán sido las sucesivas transiciones que culminaron en la miscelánea
fisonomía actual. Jugar a ser una especie de arqueólogo o antropólogo, quizá de
eso se trate; y quizá sea la forma más económica de viajar en el tiempo.


Muy bueno Dani, me pasa exactamente eso, en Rosario y en Buenos Aires. Sobre todo, ahora que han hecho sacar toldos y carteles que tapan la arquitectura.
ResponderEliminarY la arquitectura moderna... bueh... una porquería jeje
Muy bueno Dani, al igual que vos no conozco mucho de arquitectura y mucho menos que menos de estetica, simplemente disfruto lo que me gusta, pero me ha pasado muchas veces "descubrir" un lugar por el que pase cientos de veces simplemente cambiando de vereda o prestando un poco mas de atencion al paisaje urbano. Parece que es un mal de estos tiempos el mirar sin ver lo que nos rodea....
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