lunes, 14 de mayo de 2012

Breve historia del hombre-mono

Dicen que una vez el hombre fue un mono que vivía alegremente en las selvas africanas comiendo frutas de todos los colores, olores y sabores (si acaso tiene) del arcoíris. (Nuestra predilección por las golosinas nos lo recuerda.) Un día algo en el clima cambió y sus selvas devinieron pastizales, sabanas. El “hombre-mono” tuvo que buscar otra forma de alimentarse, y parece ser que lo que más tenía a mano eran otros animales, principalmente otros mamíferos. Así que aprendió y comenzó a cazarlos. Paralelamente el hombre-mono también era cazado por otros animales, en el eterno y universal –o mejor dicho, mundano- juego de la supervivencia. Por ello comenzó a pararse en sus dos patas traseras con mucha frecuencia; para poder observar a través de los altos pastizales y estar alerta ante el peligro de ser cazado. Cada vez pasaba más tiempo erguido, hasta que un día dejó de caminar en cuatro patas para nunca más volver a hacerlo. Esta nueva forma de andar en la vida dejó libre sus manos para manipular, explorar, aprehender y aprender (de) todo tipo de objetos. Con el tiempo su conocimiento y habilidad mejoraron notablemente;  entonces fue capaz de transformar los objetos que manipulaba y, como una consecuencia lógica, transformar su medioambiente, su entorno. Mientras tanto seguía cazando para alimentarse y, como sus presas no eran presa fácil (si se me permite el juego de palabras), debió recurrir a esos objetos transformándolos en herramientas de caza. Como eso no fue suficiente, recurrió también a sus compañeros de grupo (o tribu), cooperando en la empresa de conseguir el alimento, afianzando y arraigándose así sus tendencias sociales. (Esto también nos consta, pues heredamos una fuerte impronta en relación al ritual de la alimentación en grupo. Almorzamos y cenamos con amigos y familiares, reunidos frente al banquete –siempre salado-, compartiéndolo, cual grupo de lobos en derredor de la presa abatida.) Y dado que esta cooperación exigía armonía, se libró (o al menos lo intentó –podía equivocarse, después de todo era humano; aunque pensándolo bien, no lo era aún, en un sentido cabal-) de uno de los motivos de lucha y competencia más importantes –sino el más importante- entre los potenciales cooperadores: la búsqueda de pareja. El hombre-mono se volvió monógamo y vivió toda su vida con una misma pareja (hasta inventar millones de años después, el divorcio). No obstante el trabajo en equipo y las herramientas, muchos animales seguían siendo difíciles de atrapar, pues eran más veloces que el hombre-mono. Entonces éste ideó una estrategia notable: correría y perseguiría a sus presas hasta, literalmente, “ganarles por cansancio”. Para lograrlo tuvo que desprenderse de su espeso y ubicuo pelaje, pues la piel desnuda le permitía transpirar con mayor facilidad, evitando que su cuerpo se recalentase durante las largas e intensas persecuciones. El hombre-mono podía correr, de esta manera, durante horas, hasta que el animal perseguido sucumbía sólo por el cansancio y el excesivo calor. Para aquel entonces una cola prensil no tenía mucho sentido, no habiendo árboles en los que trepar. El hombre-mono también podía alimentarse recolectando frutas y verduras, hasta que comprendió que era más fácil si las cultivaba él mismo. Dejó de perseguir su destino y decidió construirlo, estableciéndose en un lugar determinado. Surgieron la economía y la política; las ciudades y los países. El rudimentario –pero no por ello menos excepcional-  lenguaje que había desarrollado, se tornó cada vez más rico y complejo. Cuando el hombre-mono –a esta altura, mejor conocido como hombre, a secas- vio satisfechas sus necesidades básicas de subsistencia, dio rienda suelta a una de sus cualidades más admirables: la creatividad. Comenzó a expresar lo que sentía y pensaba (en algún punto de este vertiginoso camino, el instinto puro dio lugar a la conciencia, quizá, como dijera Piaget, cuando hubo problemas que el primero por sí sólo ya no fue capaz de resolver) y surgió el arte. Cultivó, como ningún otro animal en la Tierra, su curiosidad infinita, y se volvió filósofo y científico. Extendió muchas cualidades de su infancia a la edad adulta, y jugó en todo momento y lugar, en vez de simplemente descansar. Fue capaz de reír y de llorar. Y hasta fue capaz de llegar a la representación abstracta, al símbolo. Y la curiosidad se volvió búsqueda de sentido, de trascendencia. De libertad y de amor. El hombre-mono se volvió metafísico. Y así, casi sin quererlo, fue padre e hijo de la cultura, de la civilización y de la historia. Actualmente algunos dicen que el hombre-mono se ha vuelto posmoderno. Que es un mono (un hombre) “posmo”. Otros, que también ésta es una etapa superada. Porque el hombre-mono está siempre pronto a superarse, a pro-yectarse. Yo lo admiro por su naturaleza animal y por su condición humana. Tan contradictorias en apariencia, pero en esencia, estrechamente ligadas, partes de un todo acabado e integrado. Ése que es consciente de sí mismo, de su futuro, de sus infinitas posibilidades y hasta de su muerte (la imposibilidad de todas sus posibilidades). Ése que es capaz de pensar el mundo y hasta de (atreverse a intentar) pensar la nada. De pro-yectarse individual y colectivamente. De actuar y construir con y para el otro; y también contra el otro. Ése que es víctima y victimario, pero, a la vez, mártir y redentor. Ése que ama, ríe y llora; que se abraza, se besa y se golpea. Ése que se rasca la cabeza por vergüenza, y que muchas veces dice más con su lenguaje corporal que con la exuberancia de sus símbolos. Ése que conserva la mirada transparente y honesta –para mí, reflejo de un alma- de todo animal. Eso y mucho más.

3 comentarios:

  1. ufff...

    Anoche pensaba exactamente en lo antinatural de la cultura, pensaba en que lo natural es la anarquía, porque el basamento único de la existencia es la subsistencia. Y para subsistir hay que superar las obstáculos de forma individual. Lo natural es buscar la conservación de la especie, la reproducción. Entonces, ¿por qué reprimir los instintos sexuales en pos de la monogamia? ¿Por qué someterse a la cultura?

    Pensaba en que la cultura es un invento de los más débiles físicamente (y sexualmente) para dominar a los más débiles intelectualmente, ya que esa es única forma de la evolución que le convenía...

    Tu texto es, al mismo tiempo, demostración y contraprueba de mis hipótesis. Me gusta la combinación de historia natural con tu lado subjetivo y tu admiración por los seres complejos que somos. Gracias Dani por este texto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tincho, muchas gracias por tus palabras! En mi opinión, pensar la "lucha" por -aquí yo preferiría decir: el problema de, o, neutralmente, la "cuestión" de- la subsistencia como un escenario brutal donde reina la anarquía y el egoísmo, es hacer una interpretación demasiado simplista y lineal. Muchos animales, principalmente mamíferos, son sociales, y si esta socialidad evolucionó es porque les permitía precisamente adaptarse mejor y resolver más exitosamente el problema de la supervivencia -y del éxito reproductivo (fitness), que va de la mano-. Tanto es así que hasta existen modelos matemáticos avalando las teorías que explican el por qué y los beneficios de la socialidad; principalmente dos: el del altruismo recíproco y el de la selección natural. Por otro lado, en biología nunca (o poca veces) hay negros y blancos. Por ejemplo, la monogamia es una salida, pero no excluye otras posibilidades, que incluso se dan en otras especies. Se ha visto que muchas veces las hembras copulan con machos que no son los alfa (a escondidas claro, jaj). Tampoco excluye los resabios genéticos de un pasado en el cual sí el macho trataba de aparearse con la mayor cantidad posible de hembras, para regar sus genes por diestra y siniestra. Y la cultura, todo un tema. Creo que es producto de la evolución y como tal, beneficioso por definición, pero para toda la especie (!), no para los más débiles o los más fuertes. Muchos primates tienen cultura (quizá otros animales también), aunque rudimentaria, claro está. Pero queda claro que ofrece un abanico de posibilidades único, que llevado el extremo, fue capaz de convertirnos en la especie dominante en el planeta. Eso es biología y es una cuestión fáctica (diría el Tata). Otro tema largo, complejo y más filosófico si se quiere, es cómo utilizamos esa cultura que hemos construido a lo largo de cientos de miles de años y que nos ha llevado a un lugar de "privilegio" (porque nuestro arte, nuestra creatividad, nuestra proyección en infinitas posibilidades, para mí, son un privilegio. Es como el dilema del martillo.

      Eliminar
  2. Justamente por toda tu explicación fue mi "ufff" porque de repente, me di cuenta leyendo tu texto, de la simplificación excesiva que hacía en mi pensamiento, claramente condicionada por una situación emocional propia actual.
    Yo mismo he desarrollado alguno de esos modelos matemáticos que mencionás, así que tengo claro el tema, y entiendo la complejidad del sistema que no puede explicarse ni justificarse desde una posición extrema.
    Por eso, nuevamente, gracias... porque me acomodaste un poco las ideas en el momento justo.

    ResponderEliminar