lunes, 5 de diciembre de 2016

Decálogo

1. Lo que uno hace es importante para (con) los demás (ya que tiene efectos concretos sobre estos).
2. Cómo se hace es importante para uno mismo (ya que determina cómo me sentiré al respecto).
3. Nunca olvidar que nos une la sangre (los genes) a la Naturaleza toda y que llevamos un niño interior (no es literatura, sino biología; se conoce como neotenia).
4. Refinar nuestra sensibilidad, sobre todo respecto a la belleza omnipresente que nos rodea (los ángulos de un grano de sal; la simetría de una telaraña o de las nervaduras de las alas de un insecto; los detalles de un rostro, de unos ojos, de unos labios; la circunferencia -en apariencia- perfecta de la luna; las armonías de algún canto).
5. No subestimar o desestimar nuestra capacidad casi infinita de cambiar (única en el planeta). Reinventarse a cada momento; no hace falta viajar, ni siquiera plata; sólo creatividad y apertura mental.
6. Disfrutar de las casualidades, saborearlas; intuir lo absurdo.
7. No dejar nunca de reírse, sobre todo de nosotros mismos. La risa es fuente natural (¡y gratuita!) de endorfinas, la mejor "droga" para sentirse bien; además desdramatiza y pone las cosas en perspectiva.
8. El peor pecado es vivir en soledad y para uno mismo.
9. No preocuparse porque nos fue mal en el trabajo, porque no alcanza para comprar esto o porque se rompió aquello. Preocuparse más bien de que algún día deje de haber pájaros, perros, personas (e, idealmente, ocuparse, puesto que en parte ya está pasando).
10. No perder nunca la capacidad de sorprendernos (sospecho, también única en el planeta).

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