Esto
es lo que sé hacer. O al menos esto es lo que me sale. No es un gran mérito. La
verdad que no lo es. Pero en definitiva ya sabemos hacia dónde nos han llevado
los méritos, los merecedores y –sobre todo- los meritócratas. Pero volviendo.
Esto soy yo cuando no estoy allá, donde real y plenamente soy feliz. Acá, en el
bar o el café, soy este. El que se cobija con el calor de las voces
circundantes. El que ama ver la gente ir y venir por las calles. El que siempre
espera algo bueno por venir desde su reducto de cálida madera y fragancia de buen
café. Desde acá me permito pensar y pensarme. Sentir y sentirme sin miedos.
Desde acá todo fluye siempre más fácilmente. Desde acá la encrucijada no parece
tan terrible; ni sus respuestas, inasequibles. Acá se puede extrañar, anhelar,
desear, expreso mediante, y todo sabe siempre tan. Extrañar a quien acaso no te
extraña, soñar con esa mirada, perdonarse y acaso quererse también un poquito
más. Acá se es parte de la familia que cena, se comparte la cerveza con amigos que
nunca vi y se sufre el problema con la mesa de al lado. ¿Por qué será que les
quiero tanto? ¿Qué extraña magia tiene este lugar?
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