domingo, 1 de marzo de 2020

Movimiento

Si me inclino suficientemente hacia abajo no llego a ver ni los árboles de afuera ni mucho menos el campo. Me recuesto de tal forma sobre el asiento, que sólo veo las nubes, arriba, lejanas. El rumor de las ruedas metálicas sobre el andén es muy suave, casi un arrullo constante. En tales circunstancias, no tengo forma de percibir el movimiento. Mirar así por la ventanilla es estar quieto. Y puedo detener y hacer andar el vagón con sólo agacharme o volver a erguirme.

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