lunes, 31 de octubre de 2016

Mi vecino Totoro

Hay un antes y un después de mi Mi vecino Totoro.

Siempre pensé que la conexión con la naturaleza era vital para una vida genuina, centrada en el ser y el ser-con-el-otro, para evitar la enajenación. Totoro certificó -si acaso hacía falta- esta convicción. Y el haber perdido esta conexión es, en parte, causa y consecuencia de cómo va el mundo. ¿Cómo podría alguien mostrar egoísmo, codicia, desprecio por la vida humana (y no humana), a la vez que conmoverse con las hojas de un árbol, con un bosque, un caracol, un pájaro, un sapo saltando en la lluvia?
Ya sé que suena cursi, muy yo, ingenuo y hasta ridículo, pero creo que el sentirlo así es muestra acabada de lo que afirmo.

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