lunes, 7 de noviembre de 2016

Genkidama escolar

Absorbo, me dejo penetrar, por toda esa energía increíble de los chicos, esa vitalidad casi ofensiva. Cual Gokú haciendo el Genkidama. No hay angustia que esa energía no cure (o no anestesie, al menos). Me siento en deuda.
Entonces me pregunto quién les roba luego esa energía, quién la corrompe. Por qué después algunos vivirán para explotar gente o consumir cosas. Por qué otros pueden terminar desayunando vino a las nueve de la mañana y hablando solos; como ese pobre tipo que estaba en la parada del cole, monologando sobre películas policiales y sentenciando al final de cada frase: la realidad é otra cosa. Estoy en deuda.

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