jueves, 25 de mayo de 2017
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La miraba a mi vieja y pensaba en lo poco que nos entendemos a veces. Y me preguntaba si sería -como sostienen algunos- que el lenguaje en verdad lo que hace es alejarnos más que acercarnos; si será cierto que pretender entendernos mediante el lenguaje es una empresa de antemano perdida. Realmente no lo sabía, pero en simultáneo con mis cavilaciones latía con fuerza inaprensible un sentimiento de unión para con ella que no podría explicar; ¡la pucha!, que fuerte que era. Me desbordaba por completo y pensarlo era limitarlo. Entonces comprendí sin entender que efectivamente el lenguaje no era lo importante, que logro llegar (y recibir) a la otra persona casi sin proponérmelo a través de mis emociones más primarias y viscerales. Y que acaso si nuestra herramienta predilecta jugaba un rol en todo esto, era cohibiendo por vergüenza mi deseo de abrazarla. Y sin embargo gracias a ella puedo compartir estas líneas...
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