Tengo que escribir sobre la noche de anoche. La noche de un día muy largo. Largo de kilómetros, de horas-bus y de alumnxs. El día repartido entre risas, explicaciones, aprendizajes recíprocos, algún que otro reniego, colectivos y ciudades. La noche cayendo sobre mi cuerpo como pocas veces exhausto. Un cuerpo que literalmente me pidió parar la máquina esa última hora, privándome del ida y vuelta con lxs pibxs que tanto me gusta, tirándome en una silla de escritorio.
El retorno en colectivo escuchando Radiohead. El disco que suena acompañando el interminable pasar de las cuadras tras la ventanilla. Ese disco que realmente me conmueve hasta el infinito. Cómo lo saboreé. Luego la serenidad de caminar a esas horas por Oroño, apreciar las construcciones antiguas, la paz de sus árboles, el vuelo de los murciélagos; lxs otrxs que también andaban como yo.
El percatarse de una verdad importante, ya revelada por otra persona importante, por la persona. El calor inusual, la alergia y el profundo disfrutar de esa caminata de retorno. El prometerse guardar y repetir esas sensaciones. Y también escribirlas.
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