sábado, 22 de junio de 2019

Brunch

Un café con leche rodeado de canelones, milanesas y papas fritas. Probablemente el único. Empieza a ir y venir, arriba y abajo, arriba y abajo, por acción de mi mano derecha. Cerca, muy cerca, crujen las papas, llora algún chico, celebra una familia. Tan cerca unos de otros que algunos pareciéramos estar de a dos, pero no. Hay una diferencia sutil y otra sustancial: diez centímetros entre mesa y mesa, y un par de miradas que nunca se cruzan (mucho menos se encuentran). Sin embargo son cercanías que hacen sentir bien, que son necesarias. Todo orquestado al ritmo de platos que van y vienen desde la cocina, cuya vida es efímera pero llena de sentido. Cual insecto que eclosiona de su larva para reproducirse y a las pocas horas o a los pocos días morir, los platos salen de la cocina, deleitan a sus comensales, los nutren ya desde adentro volviéndose nueva singularidad. Y a otra cosa, mariposa.

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