domingo, 16 de junio de 2019
Danza
Son los momentos que realmente descansan, liberan, protegen, (nos) cuidan. Imagine acariciándome desde los parlantes del equipo de música, el viento aullando a la luna oculta desde el palier de este segundo piso, una lager transpirando a mi lado y todo un teclado infinito yaciendo con la guardia baja ante (para) mí. El resto es dejarse llevar. Y los dedos se empiezan a mover de un lado a otro. Bailan, saltan, cantan la danza que mi inconsciente de alguna manera (hoy, inapresible) toca para ellos. ¿De dónde saldrá todo esto? Es tan loco y bello e incierto y maravilloso y acaso ancestral. E inexorablemente liberador. Escribir por el mero placer de escribir. De expresar. Luego quizá leerse, releerse, reinterpretarse, modificarse, reconocerse, redefinirse. Y finalmente enter.
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