sábado, 15 de junio de 2019

Loop

I will be with you again. Viviría eternamente en ese loop. Ese loop donde todo el tiempo rememoro nuestros años más preciados. Donde cada nota, cada melodía y cada armonía me disparan el recuerdo de una sonrisa tuya, de una mirada brillosa, de una caricia suave y templada. Y sólo quiero volver a eso. ¿Estaré haciendo mal? El verdadero loop sería volver a esos momentos, no recordarlos meramente. Quedarse con el cuerpo encadenado al tiempo pero el alma liberada al (y por el) amor más puro que conocí. Y la música tiene eso. Esa magia inexplicable, en la que uno no sabe realmente cuán diferente es el presente de esos recuerdos pasados. Porque mientras duran las canciones el sentimiento es a flor de piel. Vaya si es a flor de piel. Be with you, night and day. Nothing changes on New Year's Day. On New Year's Day.

La ciudad hospital

Este es el octavo día dentro de la ciudad. Me refiero al hospital. Es increíble la dinámica interna que tienen los lugares como estos. Los vínculos que se establecen (¿transitoriamente?) o que nunca llegan a establecerse pese a la regularidad de ciertas interacciones. Nunca supe por qué me generan una especie de fascinación los hospitales y sanatorios por la noche. El deambular de los enfermeros; de algún empleado de limpieza con su carro lleno de químicos, trapos y bolsas; de alguna médica con su guardapolvo blanco y su estetoscopio al cuello. Y después el silencio. El zumbido en los oídos, la luz baja, la soledad. Siempre me atrajo ese pequeño (o no tanto) submundo, ignorado por los transeúntes más distraídos, manifiesto en los múltiples rectángulos de luz que se recortan en la oscuridad para aquellos más atentos u observadores.
(...)
Ahora estoy adentro desde hace diez días. Y por momentos siento que serán interminables. Y por momentos temo llegar a extrañar las mañanas y las tardes en este lugar. Supongo que tiene que ver con ese sentimiento melancólico que me envuelve cada vez, que encaja con cierto sentido (melo)dramático de la vida.  Aquí conocí a muchas personas -enfermeras, médicos, azafatas- que me emocionaron hasta las lágrimas por el amor demostrado hacia cada uno de sus pacientes, y con las cuales me identifiqué. La delicadeza en su manera de acercarse, su predisposición para escucharlos y, sobre todo, su paciencia para comprenderlos. Pero también conocí la frivolidad y la mecanicidad más desahuciante, y me heló la piel y me constriñó el alma.
(...)
Onceavo día. Creo haber aprendido bastante en este viaje a la ciudad que yace a tan sólo ocho cuadras de mi casa. Pero hace rato que también anhelo volver a esas ciudades donde la algarabía y la vitalidad vienen en paquetes de treinta, y donde realmente valdría la pena quedarse para siempre.

lunes, 13 de mayo de 2019

Pan, amor y fantasía

Debí haberlo escrito ayer. Cuando el cine me llenaba; cuando el cine me contenía y me acompañaba. Cuando acaso por primera vez lo sentí como un hogar (mi tercer hogar, después de la escuela y el café). Cuando tras haber entrado vacilante porque dejaba atrás un cielo presente y aún celeste radiante para sumergirme en la oscuridad de un pasado filmado y en cierto modo pisado, sentí que quería estar ahí. Entonces de repente la magia del cine. Los paisajes agrestes, la vida de posguerra, los animales, la tranquilidad, l'italiano con esa cadencia tan linda, Vittorio De Sica y por primera vez -en mi vida de cinéfilo- la Lollobrigida. Y entender tantas cosas ahora. Y quererla así siempre. La rosa púrpura del Cairo más rosa y más púrpura que nunca. Y la posibilidad de renovar el ritual cada domingo a las seis. Salí feliz, embriagado de cine y de Bersagliera. Por eso las butacas llenas, el sonido envolvente, la risa en complicidad, el llanto compartido, la queja por el ruido y los aplausos del final. Pan, amor y fantasía.

viernes, 10 de mayo de 2019

Cómo explicar

Cómo explicar que hoy son lo más importante para mí,
cómo explicarles a los demás
que aquellxs hoy son quienes llenan de sentido mi vida.
Cómo explicarles a ellxs mismxs (que lo ignoran)
cómo explicarles a ustedes (que para mí son tan)
cómo explicárselo a ella (si acaso)
cómo explicárselo a ellxs (si alguna vez)
que aquellxs hoy son quienes me hacen feliz.
Cómo explicármelo a mí (mismo) ahora,
cómo me lo explicaré en el futuro,
cuando quizá justamente por ello ya no me quede nada,
sólo un cúmulo de recuerdos
maravillosos, pletóricos, inolvidables, inigualables.

viernes, 8 de marzo de 2019

Cambio climático

Disculpe, ¿tendría un viaje para venderme, por favor? No. No. No. Mmmh, nooo. Alguna que otra mirada perdida. No. No. Mmh, sí. ¡Muchas gracias! (Pasos que se alejan, ¡pip!, pasos que se acercan.) ¡Muchas gracias! No, de nada. Sonrisa tímidamente esbozada. ¿Casi todos los pasajeros sin saldo? Raro. Cosa del cambio climático, probablemente (nieve en el Sahara).Y yo que me había quedado sin saldo al pagarle un viaje a otra persona. Cavilaciones, reacción tardía y la parada que pasa de largo. ¡Tocaste el timbre demasiado justo! Sonrisa amable del chofer. Sí, me colgué, mal. (Aumento de un grado promedio la temperatura del Pacífico.) Finalmente, deshielo glacial. ¿Te falta plata? Llevátelos igual. ¿En serio? Bueno, millón de gracias. Poca gente con tu actitud. ¡Pero no! ¡Por cinco pesos! Sí, no te creas. Muchas gracias, viejo. Redemption song.

martes, 5 de marzo de 2019

Lago en el cielo

La tarde suavemente se aleja; la oscuridad tendió su red al mar. Siempre menosprecié calle Pellegrini; ahora, casi cínicamente, la busco con desesperación cada vez que. La espera entre las sombras. Dios sabrá por qué. Las veredas con sus banquetas y barras cerveceras. El atardecer en el parque. Padre e hijo jugando a pasarse la pelota (pero aquel le recrimina a este por tirarla siempre lejos). Las y los runners. Ya es tarde para volver igual. Tráeme la noche. No puedo estar despierto más sin. El dearoldman distraído con su paquete en plena bicisenda. Un lago en el cielo. Quiero ser suave, para evitar tu dureza. Los infaltables codos motoqueros resguardados de todo peligro con su casco (pero ¡ay! de aquellos cráneos). Apago tu fuego, enciende mi agua. El nenito doblando en su fantástico monopatín. Puede que no haya certezas. Las piernas temblando. El bebito chocando los cinco con el papá en bicicleta. Las primeras estrellas. Con solo invocarte, voy a convertirme en miel. Las amigas. Las familias. Las aguas danzantes. En tu nombre, en tu nombre. El agua. Los mates. El vecino cuyo nombre y domicilio desconozco pero siempre me saluda cuando saca a pasear el perro. El súper abierto y la verdulería. Verde para doblar a la izquierda. Puerta. Escaleras. Puerta. Y cuando te busco no hay sitio en donde no estés.

lunes, 4 de marzo de 2019

Sociobiología, o el rap de las hormigas: parte II

Es gracioso (y peligroso) cómo los distintos ciclistas nos vamos desplazando como en un camino de hormigas invisible. Vaya a saber por qué de un día para el otro desapareció la tan preciada ciclovía. El punto es que todos seguimos circulando por ese caminito imaginario a la izquierda de calle Entre Ríos, acaso sintiéndonos más seguros que antes frente a los embates de algún conductor siempre descuidado o directamente imprudente. Las bicis van, una tras otra, literalmente. Y es otro camino de hormigas análogo al de los corredores del parque. Distintas razas fórmicas.