miércoles, 8 de marzo de 2017

Balcones

Mirar ese balcón me da paz. Esa sencillez que se percibe. Esa luz cálida que asoma desde adentro; la nena jugando siempre con el gato (o con sus amiguitas); la madre sentada en la intimidad y la seguridad de ese -su- balcón, simplemente sintiendo la brisa de la noche generosa, mirando largo rato su celular, revisando seguramente sus redes sociales, sus mensajes de whatsapp, los archivos compartidos, y nada más -y nada menos- que eso. Y todo parece (no lo sé) suficiente. Sin pretensiones. Sin sofismas. Sin elucubraciones retorcidas. Sin angustias. Sólo brisa, intercambios virtuales y -ahora también- un pucho. Arriba (en el segundo piso) lo mismo. Un cigarrillo al resguardo de las ramas y las hojas que se meten descaradamente en ese territorio ajeno. Y en el tercero simplemente el ventanal abierto dejando entrever la paz que difunde desde el departamento hacia el exterior, como el olor a comida o el humo de un sahumerio. El cuarto piso es un párrafo aparte. Sin paredes. Sólo vidrios y persianas americanas. Pero siempre la calidez. Siempre a trasluz. Siempre impersonal. Jamás un rostro. Sólo de vez en cuando una silueta animada. Pero todo ese edificio me da paz. Siento que empatizo con él, si acaso es posible. Y a la vez tan distinto, yo... Si viviera ahí, ¿me sentiría más feliz? ¿O sería un edificio más, del que renegaría por lo descuidado y por su olor a humedad? Por lo pronto dormiré tranquilo, sabiéndolo cerca mío.

viernes, 6 de enero de 2017

Magia blanca

Magia blanca, o magia natural: la que por medio de causas naturales obra efectos que parecen sobrenaturales (RAE).
Me pregunto si será eso lo que pasó esta tarde cuando, recorriendo en bici lugares por donde hacía años no andaba, uno a uno los recuerdos se iban desatando o abriendo como una flor.  A veces recuerdos de hace diez años, a veces de hace veinte. ¿Cómo será que en el cerebro esos estímulos visuales (en este caso) disparan la conexión de ciertas neuronas, la liberación de ciertos neurotransmisores, y cómo todo eso termina generando ese entramado complejo de sensaciones al cual llamamos recuerdo? ¿Lo comprenderemos cabalmente alguna vez? Quizá sea mejor así. ¿No fue magia?

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Flaco

Flaco querido, cuánta paz me genera el escucharte. Cuánto me conmueven tus palabras, tu voz, tus melodías. Tu música es un bálsamo; pura sensibilidad que hace vibrar cada fibra de mi cuerpo y de mi espíritu. Si todos pudieran nutrirse de ese amor hecho poesía, qué distinto sería el mundo. No sé qué tenés, pero sos especial. Gracias por llenarme de vida, vos que ahora sos canción. O barro, tal vez...

martes, 13 de diciembre de 2016

Where birds die?

Después de seis años de salir a correr por la costa del río, recién hoy me di cuenta, mientras elongaba tirado en el pasto de calle Oroño, que -precisamente- jamás en todo este tiempo vi a alguien tirado en el pasto del boulevard, como yo, elongando (o haciendo lo que sea). Fue entonces cuando me asaltó la siguiente inquietud existencial: "Where birds die?"

lunes, 5 de diciembre de 2016

Decálogo

1. Lo que uno hace es importante para (con) los demás (ya que tiene efectos concretos sobre estos).
2. Cómo se hace es importante para uno mismo (ya que determina cómo me sentiré al respecto).
3. Nunca olvidar que nos une la sangre (los genes) a la Naturaleza toda y que llevamos un niño interior (no es literatura, sino biología; se conoce como neotenia).
4. Refinar nuestra sensibilidad, sobre todo respecto a la belleza omnipresente que nos rodea (los ángulos de un grano de sal; la simetría de una telaraña o de las nervaduras de las alas de un insecto; los detalles de un rostro, de unos ojos, de unos labios; la circunferencia -en apariencia- perfecta de la luna; las armonías de algún canto).
5. No subestimar o desestimar nuestra capacidad casi infinita de cambiar (única en el planeta). Reinventarse a cada momento; no hace falta viajar, ni siquiera plata; sólo creatividad y apertura mental.
6. Disfrutar de las casualidades, saborearlas; intuir lo absurdo.
7. No dejar nunca de reírse, sobre todo de nosotros mismos. La risa es fuente natural (¡y gratuita!) de endorfinas, la mejor "droga" para sentirse bien; además desdramatiza y pone las cosas en perspectiva.
8. El peor pecado es vivir en soledad y para uno mismo.
9. No preocuparse porque nos fue mal en el trabajo, porque no alcanza para comprar esto o porque se rompió aquello. Preocuparse más bien de que algún día deje de haber pájaros, perros, personas (e, idealmente, ocuparse, puesto que en parte ya está pasando).
10. No perder nunca la capacidad de sorprendernos (sospecho, también única en el planeta).

viernes, 11 de noviembre de 2016

The truth is out there

He descubierto el secreto de la felicidad: tener la certeza de que siempre habrá alguien allá afuera con quien hablar o, simplemente, estar.

Los agradables empleados y empleadas del Palacio de la Oportunidad, la estudiante de Terapia ocupacional en la Plaza Pringles; el chico de la calle (me perturba la expresión) que jugaba con ella y con cuya alegría era imposible no empatizar; los artesanos y artesanas que vendían libros en la misma plaza; la señora que paseaba un bretón viejo y enfermo portando orgulloso entre sus mandíbulas una pichón de paloma muerto (es porque es una raza cazadora, aclaraba también orgullosa su dueña); la familia que se acercó a ellos asombrados por la bucólica (?) escena;  el empleado estatal (pronto a jubilarse) que esperaba a su hermana mientras ella escuchaba poesía en la Biblioteca Argentina (pero él se aburría y se escapó); las decenas de adolescentes que, agrupándose como gaviotas que coinciden de repente en un punto de la playa (o de la plaza), sobrecargan el ambiente con su energía de tormenta eléctrica (se ríen, rapean, se abrazan, se besan); un amigo militante que paseaba con su novia; el paseador de perros que compartió conmigo sus historias (por su edad debía tener muchas) y las cuadras y el paso indagador de Sasha.

Como rezaba la intro de X-Files: la verdad está ahí afuera.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Genkidama escolar

Absorbo, me dejo penetrar, por toda esa energía increíble de los chicos, esa vitalidad casi ofensiva. Cual Gokú haciendo el Genkidama. No hay angustia que esa energía no cure (o no anestesie, al menos). Me siento en deuda.
Entonces me pregunto quién les roba luego esa energía, quién la corrompe. Por qué después algunos vivirán para explotar gente o consumir cosas. Por qué otros pueden terminar desayunando vino a las nueve de la mañana y hablando solos; como ese pobre tipo que estaba en la parada del cole, monologando sobre películas policiales y sentenciando al final de cada frase: la realidad é otra cosa. Estoy en deuda.