jueves, 19 de septiembre de 2019

La sonrisa de mi viejo

Walter Benjamin decía que la salvación mesiánica es impredecible, que se cuela por una hendija en cualquier momento y en cualquier lugar; que de repente ¡zas!, llegaba colmándolo todo de redención y de sentido, aunque más no fuera por unos instantes. Hoy yo la encontré: en la sonrisa de mi viejo. Ahí estaba ella, de repente y de manera inesperada. Tan fugaz pero a la vez tan poderosa y hermosa. Casi inasequible para los sentidos que posteriormente la estamparían en la memoria. Y sin embargo, mágica y pura y hermosa, capaz de convertir en felicidad y eternidad el instante que dura desde que comienza la mueca, se escapa esa especie de berrido ahogado que instintivamente adivino como su risa, y que finalmente se va apagando mientras las curvas de su boca se vuelven rectas otra vez. Es tan lindo ver cómo se le transfigura la cara… Ahora entiendo que esa sonrisa me salva, me llena de felicidad durante unos pocos e infinitos segundos. Los labios de mi viejo forman la hendija; quiero estar atento a su próxima revelación.

martes, 27 de agosto de 2019

Ángel

Quería ponerme los auriculares pero no podía. Una y otra vez, mientras caminaba, hice ademanes de agarrarlos para llevarlos a mis orejas. Pero no. Algo en esa apacible noche de Funes me atraía y me llamaba a entregarme por completo a su arrullo de grillos y perros lejanos. El resto era silencio, oscuridad e inmovilidad. Sólo mis pasos y mi sombra, por momentos. Las calles transmitían una especie de desolación que, bien entendida, se traducía en sensaciones de paz y serenidad.
Cuando finalmente llegué a la parada me encontré con él. Absorto (él sí) en sus auriculares con vaya-a-saber-uno qué melodías. Le pregunté si podría pagarme el pasaje y contestó, entre tímido y sonriente, que sí. Subimos, pagó, y casi como avergonzado aceptó el billete que le tendí. Antes de sentarme reapareció bruscamente. Me dio el vuelto. Sonreía con impavidez y parecía estar más allá del bien y del mal.

martes, 30 de julio de 2019

Agujero blanco

Conozco la plenitud. La felicidad absoluta. El amor infinito. Necesito expresarlo. Decírmelo. Busqué la imagen más hermosa que pudiera representarla y entendí que no la hay. Quizá esta sea la menos equívoca. Porque si blanco representa pureza, luz, eternidad y  lo absoluto, todo eso es lo que me atraviesa cada vez que estoy en un aula con ellxs. Una especie de agujero negro (o blanco, en rigor) donde se abolen el tiempo y el espacio. Donde desaparece la temporalidad, el instante se vuelve eternidad, y el sentimiento, infinito. Y entonces es sólo fluir, flotar como si no pesara. Porque, ¿quién puede negarlo?, la pasión es lo único capaz de hacer trizas la racionalidad. Y afortunadamente ahí, en ese agujero blanco, caigo yo. Cada inolvidable día de la semana. Y no alcanzan las palabras para agradecer(les).

viernes, 26 de julio de 2019

Lado B


Esto es lo que sé hacer. O al menos esto es lo que me sale. No es un gran mérito. La verdad que no lo es. Pero en definitiva ya sabemos hacia dónde nos han llevado los méritos, los merecedores y –sobre todo- los meritócratas. Pero volviendo. Esto soy yo cuando no estoy allá, donde real y plenamente soy feliz. Acá, en el bar o el café, soy este. El que se cobija con el calor de las voces circundantes. El que ama ver la gente ir y venir por las calles. El que siempre espera algo bueno por venir desde su reducto de cálida madera y fragancia de buen café. Desde acá me permito pensar y pensarme. Sentir y sentirme sin miedos. Desde acá todo fluye siempre más fácilmente. Desde acá la encrucijada no parece tan terrible; ni sus respuestas, inasequibles. Acá se puede extrañar, anhelar, desear, expreso mediante, y todo sabe siempre tan. Extrañar a quien acaso no te extraña, soñar con esa mirada, perdonarse y acaso quererse también un poquito más. Acá se es parte de la familia que cena, se comparte la cerveza con amigos que nunca vi y se sufre el problema con la mesa de al lado. ¿Por qué será que les quiero tanto? ¿Qué extraña magia tiene este lugar?

domingo, 21 de julio de 2019

Clics modernos

Maravillosa sensación la de este momento. Sin saber dónde me encuentro aunque sí muy bien adónde voy. Curva a la izquierda, curva a la derecha, y nuevamente a la izquierda. Por momentos, sensación de estar girando en círculos, cual Adela en el carrusel. La oscuridad exterior y la regularidad monótona del colectivo casi vacío acrecientan la impresión. Cada vez que miro por la ventanilla la confusión es aún mayor. Realmente esto es muy extraño. Y se siente absolutamente genial. Completa un círculo perfecto Charly García sonando en mis auriculares. (Tanto girar girar es un defecto.) Es sábado a la noche. Y es la noche del sábado que comencé a conocer a mis viejos. De repente: Mercado de Concentración de Fisherton. La magia se baja en aquella parada. Yo me quedo arriba del bondi, derecho por calle Mendoza, camino a Rosario.

martes, 16 de julio de 2019

Fitter, happier

Yo en la cama cruzado de piernas. La radio clavada en Universidad (a un volumen moderado) y mi gata. La cama, la radio y la gata. Nada más. Cortando ese vértigo. Ese hacer algo obstinado. Esa (hiper)productividad tan de hoy y tan dañina. Nada. Simplemente "perder" el tiempo o, mejor dicho, dejarlo escapar, liberarlo. Y con él liberar toda esta neurosis y esta histeria. Calm, fitter, healthier and more productive.
A pig in a cage on antibiotics.
Esperando a mi amigo para compartir una cerveza. Y nada. Sólo eso. Por momentos entrar a las redes y chusmear un poco. Y verla a Galita que me sonríe desde mi protector de pantalla. Y escuchar el ruido de la calle. Y ver a Maga acicalándose sin prisa y sin pausa. Mirar de reojo el libro de la mesita de luz y ni siquiera eso. Sometimes I get overcharged
That's when you
See sparksThey ask me where the hell
I'm going?
At a thousand feet per second
Hey man, slow down
Slow Hey man, slow down.

sábado, 22 de junio de 2019

Brunch

Un café con leche rodeado de canelones, milanesas y papas fritas. Probablemente el único. Empieza a ir y venir, arriba y abajo, arriba y abajo, por acción de mi mano derecha. Cerca, muy cerca, crujen las papas, llora algún chico, celebra una familia. Tan cerca unos de otros que algunos pareciéramos estar de a dos, pero no. Hay una diferencia sutil y otra sustancial: diez centímetros entre mesa y mesa, y un par de miradas que nunca se cruzan (mucho menos se encuentran). Sin embargo son cercanías que hacen sentir bien, que son necesarias. Todo orquestado al ritmo de platos que van y vienen desde la cocina, cuya vida es efímera pero llena de sentido. Cual insecto que eclosiona de su larva para reproducirse y a las pocas horas o a los pocos días morir, los platos salen de la cocina, deleitan a sus comensales, los nutren ya desde adentro volviéndose nueva singularidad. Y a otra cosa, mariposa.