sábado, 4 de abril de 2020

El viaje

El viaje es un tanto anárquico. Pero es lícito siempre y cuando no me salga de estas cuatro paredes. Primero salto al enero tucumano, luego a una Rosario diez años más joven, vuelvo a la actualidad de mi barrio y un poco más tarde (o más temprano) también me atrevo a coquetear con el futuro, del que no logro discernir su geografía. En el camino acompaña Aristimuño, de fondo; ese Aristimuño con el que finalmente coincidí después de tanto tiempo. Las luces amarillas de las calles dejan ver el delicado y sutil pelaje de mi gata, circunscribiéndole toda su anatomía. Se ve tan linda con esos detalles dorados embelleciéndole el cuerpo. Me percato de que la luz de la casa de enfrente no es amarilla sino blanca. Y entonces la pequeña gran pregunta: ¿por qué? El dejo folclórico del disco que suena me impregna de sensaciones tucumanas, que recuerdo y a la vez vislumbro. Eso me anima y concibo el primer proyecto concreto, a través del cual logro tirar una línea que se instala en un futuro holgado e irrestricto, donde se respira brisa en la cara y vino norteño y guitarras rasgándose hasta dejar el alma. Un bienestar y como una ligera expansión me invaden. De repente la música se corta y sobrevienen un silbido interno y algunos grillos (y más allá, una melodía imprecisa). Vuelvo al por qué de las luces y este me lleva -acaso inexplicablemente- al "puede ser", tentándome a analizar los pros y contras de llevarlo caprichosamente a uno y otro lado de mi deseo. El aislamiento puede volver sustanciales asuntos otrora triviales. El sonido electrónico (maravillosamente mixturado con el folclórico) de "Ese asunto de la ventana" ya ha hecho lo suyo y también me lleva hasta Björk; pero a aquella Björk de mis años difíciles, haciendo cada vez más variopinto el collage de sensaciones. Hasta que el hambre irrumpe con fuerza arrancándome de mi aventura. Es momento de cocinar. La panza quiere estar llena. Y el corazón, contento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario